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sábado, 29 de junio de 2019

El socialismo: ni sirve ni funciona, y asesina


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EL AUTOR es escritor. Reside en Nueva York
 (Primera parte)
Durante el tiempo que llevo exponiendo mis opiniones de temas políticos en diversos artículos, los cuales ya suman más de 100  en este prestigioso medio digital así como en otros diarios nacionales e internacionales que han reproducido los mismos en sus páginas, he sido coherente, invariable y totalmente renuente a la filosofía política del socialismo de izquierda  por considerar la misma una idea política  errónea, abusiva, inservible, criminal y negadora de lo más esencial y más valioso que tienen los seres después de la vida y la salud: ser libres.

Esta postura que asumí desde muy joven cuando me encantaba leer libros, revistas, periódicos, seguir las crisis políticas a través de los medios audiovisuales, no fue forjada por un mero capricho, sino más bien, por leer, escuchar y comparar,  lo que dio fruto a una sincera convicción al entender que, lo más perverso, inútil, engañoso, mentiroso y revestido de total cinismo e hipocresía,  son las ideas socialistas de la izquierda política.
Debo reconocer sin embargo, que estos estafadores mentales, los cuales les pintan unos paraísos idílicos a los más desposeídos y por consecuencia, los más vulnerables, son unos sofistas de marca mayor que les hacen ver a sus objetivos, una vida de ensueños sin el menor de los esfuerzos para alcanzarla.  En consecuencia, paso a exponer mis criterios en ese tenor, haciéndolo lo más conciso posible y señalando algunas de sus fallas y falsedades teóricas. Veamos.
El socialismo una ideología de muerte
Hoy en día vivimos en una sociedad bien convulsionada que,  en cierta forma motiva a los más jóvenes ponerse a la moda con las corrientes políticas para “no desentonar” con los demás. Ser izquierdista y revolucionario forma parte de ello y esa  propaganda maliciosa y bien enfocada la viven ejerciendo en las universidades, colegios y los medio de comunicación masivos que conllevan a las personas a pensar que ser de la izquierda o socialista es estar  “del lado bueno”.  En mi caso particular, lo rechacé desde muy joven y ahora lo hago con mayor vehemencia y conocimiento de causa, al considerar la ideología socialista la más perversa, infame y asesina en la historia.
Los conceptos políticos de tildarse de derecha o de izquierda, tienen su génesis posterior a la Revolución Francesa, siendo los Jacobinos en constituirse en el primer movimiento de izquierda en el mundo occidental y a la vez, los primeros en forjar un gobierno con un partido único, cuyo mayor logro político fue haber ejecutado a 35 mil personas por oponerse a sus ideas, imponiendo el terror como arma política.
Posterior a los Jacobinos y ya en pleno siglo XX, llegó a la cima del poder el socialismo izquierdista por medio del movimiento comunista bolchevique con rasgos ideológicos del marxismo-leninismo  y posteriormente el maoísmo y,  a partir de entonces, la humanidad conoció las barbaries y los asesinatos de millones de seres humanos bajo la égida comunista, dando pie a los llamados campos de concentración y trabajos forzados a nivel de esclavitud a donde eran llevado los desafectos a los gobiernos socialistas, a la escasez y a la hambruna.
Esta represión en contra de todo aquel que pensara diferente a los regímenes izquierdistas, dio paso a una de las mayores matanzas en pleno siglo XX. En la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS),  se asesinaron a unos 23 millones de personas; La China de Mao Tse Tung, unos 78 millones de muertos;  Viet Nam 1. 7 millones de asesinados; Corea del Norte 1.6 millones de muertos, Camboya 2 millones de muertos, la Europa Oriental  1 millón de asesinados;  Africa 1.1 millones de muertos;  la América Latina unos 200 mil fallecidos y Afganistán unos 1.6 millones de muertos.
Todo esto sin contar los crímenes frutos de las guerrillas apoyadas por Fidel Castro en la América Latina, como fueron Los Montoneros en Argentina, los del Sendero Luminoso en el Perú,  las FARC en Colombia, los Sandinistas en Nicaragua, el ELN en Chile,  Farabundo Martí en El Salvador y los Tupamaros en Uruguay. Toda una estela de sangre, muerte, dolor y sufrimientos a fin de implantar por la fuerza y el terror una ideología criminal  y un gobierno totalitario.
Aparte de las barbaridades y atrocidades cometidas en los regímenes totalitarios izquierdistas y los millones de muertos provocados y señalados más arriba,  se le suma un agravante político-ideológico que atenta contra la esencia misma de los seres humanos: cercenar las libertades de los ciudadanos en todos los órdenes.
El racionamiento de las libertades
 Si hay algo que caracteriza a los gobiernos de la izquierda revolucionaria, es su afán y empeño en recortar, coartar y limitar en su máxima expresión el libre albedrío de los seres humanos. A los socialistas les es sumamente difícil gobernar  en un ambiente en donde sus ciudadanos actúen bajo los principios de la libertad plena como se estila en los gobierno democráticos.
Basado en ello, fue que el politólogo, filósofo, escritor, jurista y Senador vitalicio italiano, Norberto Bobbio, siendo miembro del Partido Socialista Unitario, se opuso a la limitaciones de las libertades de los ciudadanos por parte de los gobiernos socialistas, escribiendo en su libro  “Derecha e Izquierda” lo siguiente: “La médula ideológica del izquierdismo es el igualitarismoEl deseo de hacer iguales a los hombres más allá de la igualdad ante la Ley,  lleva a la izquierda a destruir la libre iniciativa y la espontaneidad social”.
Los gobiernos de la izquierda política, limitan todas las libertades posibles inherentes al ser humano. Por ejemplo, la libertad económica, religiosa, del libre tránsito, la de escoger y ser escogido y  la libertad de prensa  la cual es uno de sus objetivos favoritos ya que mediante ello,  limita a sus gobernados conocer la verdad y los manipula teniendo el control de los medios informativos. Así los ciudadanos solo leen o escuchan lo que el gobierno quiere que sepan ignorando la real situación.
Es por eso que, organizaciones como “Reporteros Sin Fronteras” que monitorean las libertades de prensa en el mundo, tienen a Cuba, Corea del Norte y China en los últimos lugares de la lista por sus negaciones a la libertad de expresión. En el caso de Venezuela ya conocemos los abusos, ataques, manipulación, restricción del papel para imprimir los diarios y la compra de varios medios escritos, radiales y televisivos por parte del gobierno para manipular y dirigir los medios de comunicación volcados a proyectar de manera favorable la política del gobierno.
La izquierda arruina la economía y el consumo
Al principio del siglo XX, un afamado economista de nombre Max Weber demostró que bajo el socialismo la contabilidad estatal es imposible, en virtud de que la información económica que a su vez es provista por el sistema de precios queda totalmente destruida. Esto se debe principalmente, al que el dinero queda muy limitado y la producción y la distribución quedan organizadas bajo un esquema militar como sucedió en la Europa Oriental, como es el caso de Cuba y actualmente en Venezuela.
En otro de los casos, a pesar de que las empresas pueden utilizar algún dinero bajo el modelo izquierdista, lo que ella generan como ganancias ya no dependen de las clásicas demandas de los consumidores como se estila en las naciones capitalistas, ni tampoco de las ofertas dentro el marco de una libre competencia, sino de las disposiciones estatales. De igual manera, ante las violaciones a las leyes económicas que no distinguen los errores de ninguna línea política sea de izquierda o de la derecha, se produce el desajuste económico en la producción. El  llamado “socialismo real” es el caso clásico de la economía estatizada por la izquierda, en donde las empresas públicas son premiadas de forma monetaria al cumplir las metas arbitrarias de producción establecidas por el Estado.
Esta es la razón, por lo cual es muy común ver en las naciones gobernadas por la izquierda,  el sistema de largas y tediosas colas para que las personas puedan conseguir escasos bienes de consumo masivos, los cuales tienen que ser racionados para que puedan alcanzar para todos. Esto se pudo ver en la Europa Oriental, en la extinta URSS y actualmente en la Cuba de los Castros y en la Venezuela chavista.
Por otra parte, en su quimeras y utópicas ideas de igualar a todos por igual, la izquierda termina arrasando con los incentivos económicos que lleva al ser humano a producir. Es así como comienzan las expropiaciones de empresas, industrias y fábricas,  la toma de las tierras productivas y el ganado a los terratenientes y ganaderos, limitar las inversiones privadas así como los negocios y asumiendo el Estado el control de todo convirtiéndose en el gran patrón.
Obviamente,  eso conlleva al alejamiento de los inversionistas y asume en total desencanto a cualquier ciudadano embarcarse en la tarea de producir en vista de que, ni hay incentivos ni sus inversiones y esfuerzos estarán ni asegurados ni tampoco protegidos. Esto en el argot económico se conoce como la “distribución compulsiva” por parte del Estado. En otras palabras, te quitan todo o parte de lo tuyo que tú has levantado con tus esfuerzo, tiempo y dinero para dárselo a otro.

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